Felices fiestas, “buenas noches y buena suerte”

En las fiestas verá ediles en las casetas de los partidos, incluso poniendo cañas. Antaño las casetas de los partidos estaban junto al resto de entidades. Ahora están separadas, como lo está la política institucional y la realidad de la calle. Algunas incluso externalizadas, metáfora de la gestión que hacen tales siglas en lo municipal.

No nos verán a cuatro concejalas no adscritas expulsadas hace 10 meses del partido por el que nos presentamos a las municipales. Denunciamos la deriva interna, nos echaron. Una sentencia nos da la razón ahora, pero no repara el daño.

Daño a una candidatura que se presentó como herramienta de la gente corriente para cambiarlo todo. Durante la marea del cambio que atravesó el país rechazaba la gestión de las migajas y adaptarse al estrecho marco impuesto por las élites; hablaba de desobedecer leyes injustas, de romper con el régimen del 78; de que para mejorar la vida de la mayoría social necesitábamos una transformación radical (de raíz). Pero cuando la marea de participación popular retrocedió, reaparecieron viejos problemas: adaptación a la inercia institucional, moderación del discurso, burocratización…

Un juez nos da la razón y dictamina que se vulneraron derechos fundamentales y los estatutos del partido instrumental que no pretendía ser un partido al uso. Condena en costas a Leganemos porque el caso no ofrecía duda de hecho ni de derecho.

A las expulsadas se nos ha tachado de radicales por seguir defendiendo lo mismo: la necesidad de radicalización democrática, patear el tablero y no jugar “su juego”. Sin desborde popular, resurge la profesionalización de la política, y las propias inercias institucionales transforman lo que pretendían ser herramientas del cambio en simple recambio. Hemos vuelto a nuestros empleos pero no renunciamos a que esas ideas, que fueron sentido común, se oigan en el Pleno.
Como E.R. Murrow frente a McCarthy, ni nos adaptamos ni nos resignamos.
Recuerden que sí se puede. Está en su mano.

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